30 sept 2011 |

Saber no es suficiente


Filipenses 3:10-12 a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, 11 si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. 12 No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.

La palabra conocer en la biblia, generalmente significa intimidad, y en este texto (corroborando esto) cuando Pablo dice a fin de conocerle… la palabra en griego es ginósko que se traduce (entre otros términos) como reconocer, sentir, entender o llegar a comprender algo.   Este término también se usa en textos como Mateo 1:25, donde describe que José no conoció a María, sino hasta que nació Jesús, y en Génesis 4:1 donde dice Conoció Adán a su mujer…  (Conoció Hb. Yadá = Gr. Ginósko)  ambos textos hacen referencia a la unión sexual entre un esposo y su mujer, y claramente en términos bíblicos esto connota un gran respeto y una profunda intimidad, de hecho el marido es el único que puede ver el cuerpo desnudo de su mujer (Levítico 18:6-19) todo esto explica que cuando el Apóstol Pablo habla sobre conocer a Cristo, y el poder de su resurrección y la participación de sus padecimientos, está hablando de vivir una vida que esté íntimamente llena de la vida experiencial de Cristo.

Esta es una verdad demasiado profunda y a la vez incalculablemente valiosa, porque este es el camino que todo hombre debe tomar si tiene serias intenciones de ir al cielo, ya que ser cristiano no es solamente ser buena persona, dar limosnas o abstenerse de cierto vocabulario o vicios, la verdad es que todas esas cosas son buenas y un cristiano verdadero debe vivirlas, pero un genuino seguidor de Jesucristo es mucho más que todo eso, ya que con todo lo beneficioso que es dejar de fumar, beber o decir groserías, no solamente los cristianos logran dejar esas cosas, también hay personas que no profesando ninguna fe y por voluntad propia logran abandonar muchas cosas como esas (reemplazándolas por otras), sin embargo, ninguna de estas obras lo podrá llevar al cielo, porque para llegar allí es necesario ser mucho más que ser buena persona, es necesario llegar a ser como Cristo.   

Esta era la finalidad del Apóstol Pablo, no solo de su ministerio, sino de toda su existencia, su objetivo no era otro que conocer a Jesús de la manera más íntima que puede existir, con el único fin de impregnarse de la vida de Cristo, de la esencia más profunda del Hijo de Dios, y de tanto allegarse a su presencia, llegar a ser semejante a él en su mentalidad y amor.                 Para el Apóstol el conocer a Cristo era el motor que movió toda su existencia desde su conversión hasta su muerte, y sin lugar a dudas es el ejemplo que nos deja a todos aquellos que profesamos esta preciosa fe, que no importando las circunstancias que vivamos, ya sean buenas o malas, que nada ni nadie nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús, pero para que aquello sea real en nuestras vidas, no solo debemos hablar, mirar, o pensar en Cristo, sino que debemos lograr (por el Espíritu de Dios) vivir una vida completamente intima junto a Cristo, tan así que lleguemos incluso a ser uno con él, siendo su imagen la que se logre ver sobre nosotros y se deje sentir dentro nuestro.

No dejo de maravillarme de la manera en que el Espíritu Santo trabajó en todos los apóstoles, y no digo esto solo por los milagros, por los prodigios o por las maravillas que Dios hizo a través de ellos, ya que si bien todo aquello es sombroso por sí mismo, no es tan maravilloso el cambio milagroso y externo que puede hacer un prodigio, como aquel cambio que puede lograr el Espíritu de Dios en el corazón de un hombre que se deja transformar, y a eso me refiero con el magnífico trabajo que Cristo hizo por el Espíritu Santo en el corazón de los siervos de la iglesia primera.

Esto se deja ver mayoritariamente en la actitud de los doce (incluyendo a Pablo), ya que nadie como ellos conocido a Jesucristo tan íntimamente, ellos vieron al Jesús hombre, transfigurado, ascendido y glorificado ¿existe hoy una persona que haya vivido eso? Claro que no, sin embargo, cada vez que leo la biblia desde los hechos hasta el apocalipsis, veo una característica común en todos los apóstoles, HUMILDAD, clara y transparente humildad, y cabe preguntarse ¿Cómo habiendo vivido tales maravillas como incluso ir al tercer cielo, guardaron sus  en sus corazones tal eminente humildad y sencillez?  Pues porque el Espíritu Santo trabajo en ellos no solo en los milagros, prodigios y maravillas, sino principalmente en sus corazones, el formó en ellos un carácter y una mentalidad como la de Cristo, y fue tan grandioso lo que el Espíritu hizo en ellos, que muchos años después del glorioso día de pentecostés, ya no se relata en la biblia que los apóstoles buscaban los primeros lugares en el Reino de Dios, sino más bien se sentían indignos (Pedro) de padecer crucificados de la misma manera en que murió su Maestro.  Esa transformación no la puede lograr un hombre por sí solo, ni aún un maravilloso milagro de sanidad física, no lo puede lograr el mirar cómo se abre el mar de par en par, solo lo logra el Espíritu de Dios desechando un viejo corazón insensible de piedra, y estableciendo uno nuevo de carne y sensible a la voluntad de Dios.

Ahora bien, la humildad del Apóstol Pablo no son palabras fingidas, donde se lanza al suelo para que cualquiera lo pisotee y diga cualquier cosa de él, no es que él traía colgando un cartel que decía “humíllenme porque soy humilde”, el ser humilde para el apóstol se mostraba en simplemente reconocer que todo lo que había aprendido durante su vida, todo lo que él tenía como sustento y todo lo “bueno” que él podía ser, no le servían de nada ante la grandeza, Santidad, Justicia y Amor de Jesucristo, tanto así que él llega a reconocer que Jesús vino al mundo a rescatar a los pecadores, de los cuales él no era ni el segundo ni el milésimo, sino EL PRIMERO (1ª Timoteo 1:15).

¿Perdón pero Pablo no fue un hombre celoso de la Ley? Claramente SI, pero él se había dado cuenta de una verdad que muchos de nosotros pasamos por alto, que cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos (Santiago 2:10) por ende, Pablo estaba completamente condenado al fuego eterno por causa de “aquella” vez que ofendió “ese único” mandamiento.         Pues déjame reconocer que ese intachable rabino fue más pulcro en su manera de vivir antes de Cristo, que yo muchas veces estando ya en la vida cristiana, sin embargo, Dios transformó su corazón simplemente para que se dé cuenta, que muchas veces uno puede llegar creerse merecedor del amor y la salvación de Dios, e inmerecedor del infierno tan solo por hacer 99% de las cosas bien, pensando que ese 1% no es capaz de condenarme eternamente (aunque tu y yo sabemos que los porcentajes en nuestras vidas están al revés).

El corazón transformado, le hace ver a un hombre simplemente la realidad de su existencia, no es que Dios quiera condenarte y sea él quien enloda tu vida, el simplemente alumbra con su verdad nuestra realidad y somos nosotros quienes nos damos cuenta que no es el Hijo de Dios quien nos condena, sino nuestro propio pecado, por ello Cristo Jesús vino al mundo, a salvar a los pecadores, de los cuales yo no debo creerme el segundo ni el menos pecador, ya que de ser así, entonces aún creo que tengo suficiente bondad en mí como para merecer que Jesús muriera por mis pecados y darme el pase para ir el cielo.

Pablo comprendió a tal profundidad esta verdad, de que debía conocer a Cristo íntimamente para llegar a ser como él, que esa misma verdad lo hizo comprender que a pesar de tener tal revelación, él aún no había llegado a ser totalmente como Jesús, y que trascendente fue para el Apóstol darse cuenta de esto, porque era eso justamente lo que impulsó para ser como fue, él sabía que aún no estaba terminada la obra en él, y eso era lo que lo sostenía apegado íntimamente a su Señor, para dejarse transformar por Él diariamente.                 Tanto fue así, que ni aún su pasado ni sus errores cometidos a diario (involuntariamente) detenían su caminar para llegar a la meta ¿y por qué no lo detenían? Pues porque él mismo no pretendía haberlo ya alcanzado; pero una cosa hacía: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndose a lo que está delante, proseguía a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (Filipenses 3:12-14 parafraseado) ¡¡GLORIA A DIOS!! El mismo hombre que dijo Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo (1ª Corintios 11:1) reconoció que a pesar de ya tener la revelación de lo que Dios quería hacer en el a través del Espíritu Santo, y de ser un hombre que vivía por y para Cristo, todavía no había alcanzado a plenitud la total figura de Cristo en él.                   Esto nos hace ver que aun estando él en el conociendo pleno de está verdad (de llegar a ser como Jesús) todavía no había alcanzado a vivirla en toda su plenitud ¡¡Que ejemplo de humildad!!

Que lejos estamos muchos de esta mentalidad, que ajenos estamos de ese carácter, y si no están de acuerdo conmigo, solo piensen un momento en las veces que por la gracia de Dios y por la guía del Espíritu Santo, hemos descubierto una verdad bíblica, y por el simple hecho de haber hallado luz y revelación, sentimos que ya estamos viviendo en esa luz y en esa revelación ¡¡que farsa, que autoengaño más grande!! Si aún la misma escritura dice que cuando tú y yo (esto no es para otro, es para NOSOTROS) solo OÍMOS (tenemos luz y revelación) una verdad, pero no la vivimos, entonces lo que hacemos es engañarnos a nosotros mismos (Santiago 1:22).

Es que debemos comprender y reconocer que saber la verdad no es suficiente, ya que el hecho de saber, en la práctica no es necesariamente lo mismo que conocer, porque conocer implica no solo manejar de manera intelectual un tema, sino vivirlo, conocer la verdad es intimar con ella, a tal grado de hacerte uno con ella, conocer la verdad es vivirla a plenitud, y es necesario que los cristianos reconozcamos que aunque sabemos muchas verdades del evangelio, que a pesar de tener una revelación más profunda de la verdad bíblica que otros grupos cristianos, y que teniendo ese conocimiento y jactándonos de él, aun así TODAVIA NO VIVIMOS EN LA PLENITUD DE LA REVELACIÓN DE LA VERDAD DEL HIJO DE DIOS, de ser así, entonces alguno de los que lee este mensaje deber sentirse espiritualmente superior al apóstol Pablo, y si es así, entonces quiero conocerlo, para que en persona pueda decirme ¡¡imita toda mi vida, así como yo imito en todo a Jesucristo!!.

Con todo esto podemos darnos cuenta, que el problema no radica en la revelación de la palabra de Dios, Él siempre ha querido revelarse al hombre, lo viene haciendo desde la creación del mundo, lo hizo con Moisés trayendo la Ley, lo hizo con Cristo quién nos mostró al Padre, y lo sigue haciendo a través del Espíritu Santo revelándose en Gracia y salvación al hombre.                    Por todo esto, el problema no radica en la revelación de Dios, porque Dios ha sido misericordioso y no ha escondido su verdad ni su amor.                     Debo reconocer que me siento demasiado privilegiado de ser parte de un pueblo que no solo ve y conoce a su Dios a través de la escritura, sino que además puede sentirlo cada vez que lo busca de todo corazón, Él es quién nos ofreció su trono de gracia (no de ira) para alcanzar misericordia para el oportuno socorro, Dios ama al hombre y siempre ha querido (y lo ha hecho) revelársele.

Ahora bien, el asunto es que aunque nosotros sabemos tanto, tenemos tantos libros, tantos institutos bíblicos y tantas maneras de estudiar la escritura, con todo y eso, NO HEMOS ALCANZADO (al menos la mayoría) a vivir en la plenitud de la palabra de Dios.                 Quiero que comprendamos que tenemos la revelación, pero aún somos carnales, todavía pensamos como niños berrinchudos que podemos hacerlo todo, que ya somos maduros, pero basta que Dios simplemente nos muestre un aspecto de la vida y los hecho de Cristo, para darnos cuenta que a pesar de saber tanto sobre Jesús, aún no hemos vivido su vida, y ese es el problema.   

Muchas personas que yo conozco, cuando alguien trae a colación un tema que ellos ya manejan intelectualmente, ellos dicen ¡¡A sí, claro, yo ya sabía eso!! ¿No te ha pasado a ti? Pues a mí sí, muchas veces cuando Dios quiso enseñarme algo de la escritura de la manera correcta, el hecho de yo SABER, impidió que el Espíritu Santo me hiciera VIVIR la escritura de la manera correcta ¿Por qué? Pues porque yo ya SABIA tal cosa, pero no la VIVIA, mas por el simple hecho de yo manejar cierta verdad, entonces daba por hecho que ya estaba viviendo en esa verdad ¿Qué engañados podemos estar por nosotros mismos?.

Hermano amado, quiero que entiendas que nuestra carne no tiene problema con recibir verdades reveladoras de la Palaba de Dios, el problema comienza cuando tú y yo tomamos la seria decisión de VIVIR (intimar, conocer) esa palabra revelada.       Hoy muchas personas están estancadas en el camino hacia la perfección del Espíritu Santo, por el simple hecho de que saben demasiado y creen que eso ya es suficiente, creen que por que han estudiado teología o algo similar, ya están completamente terminados, ya tienen un “nivel” de conocimiento que los capacita para ser, por ejemplo pastores, maestros o incluso apóstoles ¿es eso verdad? ¿el simple hecho de conocer teológicamente la escritura nos hace aptos para ir al cielo o ser partícipes de algún tipo de liderazgo? ¡¡A, es que como tal persona tiene la Maestría o conoce hace tanto tiempo la escritura, entonces damos por hecho que por eso Dios ya nos hizo aceptos delante del Padre para ser usados por él!!  Como si Dios anduviera buscando teólogos para ir al reino ¡¡que ridículo ¿verdad?!!

Hermanos amados, el Apóstol Pablo dijo lo siguiente No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.          El mismo reconoció que aún no había alcanzado la estatura de Cristo a plenitud en su vida, y aunque alguno pueda discrepar conmigo, estoy persuadido de que ningún ser humano la alcanzará totalmente a plenitud, sino hasta aquel día donde lo corruptible se vista definitivamente de incorruptible (1ª Corintios 15:53), pero el creer eso no me deshabilita para correr la carrera de la fe, no me hace inepto para pelear la batalla y esperar que al instante después de haber partido del escenario de esta tierra, pueda recibir la corona de justicia (2ª Timoteo 4:8).

Pero debo meditar en que si aún el mismo Apóstol Pablo creía no haberlo alcanzado aún ¿Qué me hace a mí pensar que yo ya estoy terminado, que ya he alcanzado la medida de la estatura de Cristo? Alguno dirá ¡¡bueno, yo no pienso haber llegado ya a esa altura!! Si es así, entonces ¿Por qué tantas veces sentimos que merecemos lo bueno que tenemos de parte de Dios? ¿Que nos hace sentirnos superiores a tantos hermanos en la fe que “saben” un poco menos que nosotros? ¿Por qué no podemos recibir la revelación de un tema que “ya manejamos”, y lo descartamos diciendo ¡¡No me lo repita, si yo ya manejo ese tema!!? Hermanos ¡¡no manejamos toda la verdad!! Pero no porque Dios no quiera revelárnosla, sino porque no vivimos a plenitud la que ya se nos revelo, solo pregúntate ¿amas verdaderamente a tu prójimo a como a ti mismo? ¿Pones la otra mejilla ante una ofensa? ¿Das prioridad a Dios por sobre todos tus bienes y seres amados? Hermanos, conocemos tanto la verdad, pero la vivimos tan poco que con ese hecho en vez de acarrear más gloria a Cristo, acarreamos mayor condenación contra nosotros por saber tanto y vivir tan poco.

Por último, el Apóstol Pablo dijo lo siguiente Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado (1ª Corintios 9:26-27)  ¿estamos corriendo la carrera de la fe con el objetivo claro de llegar a la meta de ser como Cristo? Pues si es así, entonces debemos seguir adelante no importando lo que venga, tenemos que llegar al final, y si Cristo viene antes de que lo hayamos alcanzado, entonces él nos alcanzará a nosotros y terminará su obra, pero si no es así, entonces estamos dando palos de ciego al aire, y debemos replantearnos si lo que sabemos ya sobre Cristo, lo estamos viviendo a plenitud y no se queda simplemente en nuestro intelecto, ya que de ser así, podemos hoy estar siendo heraldos (predicadores) de una verdad sin vivirla, y por eso mismo podemos ser eliminados sin alcanzar la meta final de nuestra carrera, llegar a vivir, sentir y pensar completamente como Jesucristo, el unigénito Hijo de Dios.

Dios te bendiga,

Profeta de Dios.